viernes, 20 de marzo de 2009

Identidad Estatal

No todos los hombres son iguales, al menos en lo que concierne a su identidad. Evidentemente, las culturas diferentes son la prueba de que coexiste una riqueza inagotable de significados del hombre, y su existencia no justifica la permeabilidad que históricamente se ha gestado en las más favorecidas. Sólo en apariencia las jerarquías absolutas han desaparecido en el gobierno de una nación, pero no se han esfumado de las conductas sociales donde una raza o país se ha autonombrado superior por estándares arbitrarios.

México, y propiamente Oaxaca, ha nacido en el concepto de “la otredad”, guardando diversas experiencias de otras culturas, aspirando pertenecer o parecerse a ellas. Estamos rodeados de entes desconocidos en esencia; de objetos potencialmente conceptuales abandonados a la apariencia; de mitificaciones históricas; de cosas tan cotidianas que desconocemos, y no nos interesa conocer, porque están cerca y demandan ingenuidad. Tenemos una identidad nacida de la apariencia, de la carga negativa del aspecto folklórico: el desconocimiento del aspecto conceptual.

Es cierto que las tradiciones son bellas en su naturaleza misma, pero de ser incomprensibles o de entendimiento parcial, sólo llegan al espectador de una forma superficial, como un fenómeno práctico e inmediato, que no trasciende a la razón y por eso es, una banalización. “La tradición no es otra cosa que el eterno mandato de la especie. No en lo que parece y limita, sino en lo que la perdura y la dilata, se entrega. Así, pues, es inútil buscarla en los individuos, en las escuchas y en las naciones. Lo particular es su contrario; lo característico la niega”1

Oaxaca es una ciudad predominada por tradiciones, que han sido rescatadas desde el proceso de reconstrucción de la identidad mexicana. Gran parte de ellas y sus relaciones son patrimonio cultural de la nación. Sin embargo, en la actualidad ha enfrentado grandes crisis políticas, sociales y económicas que le han sumado inestabilidad, cuyo resultado inmediato es la revelación y reestructuración de los sistemas extra- culturales. Este desequilibrio habla de la necesidad imperiosa de reorganizar los mecanismos políticos y educativos, a fin de construir una base sólida en la cual se edificase la identidad estatal.

Una explicación que había asignado Roger Bartra a la devastación y afinidad de los sistemas políticos actuales deviene del movimiento de la revolución mexicana. La compleja trama –dice Roger- de fenómenos simbólicos permitieron la estabilidad del sistema autoritario en base a la impresionante legitimidad obtenida en las redes laberínticas e imaginarias de la identificación popular. De ésta forma quedaron asentadas las bases de una cultura oficial sintética. Abandonada a la experiencia empírica, inmediata, en vez del esclarecimiento metafísico u ontológico.



1 “Contra el nacionalismo” Ensayo crítico de Jorge Cuesta

No hay comentarios:

Publicar un comentario